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De cómo un parque se hizo un gimnasio popular en San Fernando

El Parque Recreacional de San Fernando ofrece clases de ejercicio, yoga, pilates, spinning, baloncesto para los jóvenes, clases de natación, un campamento de día durante el verano, y artes culturales para personas que quieren aprender el baile folklórico, percusión azteca, o que quieran convertirse en aprendiz del programa premiado de maestro de mariachi.

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Una de las participantes del programa 100 Ciudadanos, el cual es ofrecido en el Parque Recreativo de San Fernando, muestra sus habilidades de estiramiento. Foto: Karen Meliné Guzelian / El Nuevo Sol

Por KAREN MELINÉ GUZELIAN
EL NUEVO SOL-SALUD

Es lunes y son casi las ocho y media de la mañana. Mientras uno camina en las calles de la ciudad de San Fernando, que tiene una población latina de casi 92 por ciento, se escuchan las voces de niños hablando en español dentro de sus casas, el canto de los pájaros y las cadenas de una bicicleta mientras un hombre de edad avanzada pasea por el barrio. Al llegar a la esquina de 4th Street y Park Avenue, hay autos estacionados al lado de un parque y casi todos los espacios están ocupados.

Mientras los niños van a la escuela y la gente va a trabajar, en la cuidad de San Fernando hay un parque de recreación que fue recientemente remodelado para el bienestar de la comunidad y las personas de edad avanzada están aprovechando la oportunidad.
En los últimos seis años, el Parque Recreacional de San Fernando ha hecho varios cambios para atraer a los miembros de la comunidad. En el 2008, la apertura de la piscina (que se puede utilizar durante todo el año) fue la primera renovación que el parque tuvo y que la ciudad había visto después de mucho tiempo para tratar de crear acceso a la actividad física.

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Jazmyn Jasso comprueba que 100 Ciudadanos ayuda a la comunidad y a los estudiantes

Jasso, como los otros estudiantes de este programa, quieren cambiar la alta prevalencia de diabetes en el condado de Los Ángeles por medio de este programa, proporcionando un servicio gratuito a los residentes del valle para que bajen de peso y coman saludablemente.

“La razón por la que quiero hacer este tipo de carrera (kinesiología) es porque me permite ayudar a la gente y educarlos en cómo hacerse saludables”, dice Jazmyn Jasso.

“La razón por la que quiero hacer este tipo de carrera (kinesiología) es porque me permite ayudar a la gente y educarlos en cómo hacerse saludables”, dice Jazmyn Jasso. Foto de Naomi Ogaldez / El Nuevo Sol.

Por NAOMI OGALDEZ
EL NUEVO SOL-SALUD

Cuando Jazmyn Jasso tenía 12 años de edad, fue a un parque acuático y vio en la piscina de los delfines, niños felices, riéndose mientras jugaban con animales. Ella quería disfrutar de esa misma experiencia, pero le dijeron que no podía ir a la piscina porque ese era una sesión terapéutica para las personas mayores y los discapacitados.

“Fue una sorpresa para mí a ver la gente ser sacada de la piscina con máquinas de movilidad de los pacientes, y todavía ver enormes sonrisas en los rostros de estas personas”, dice Jasso.

Cuando vio eso, ella pensó: “¿Cómo es posible que a pesar de su limitación pueden encontrar una razón para sonreír?”

“Ese día supe que quería ayudar a la gente mejorar su salud y mantenerse sano”, dice Jasso. “Me di cuenta que ayudar a la gente es más que dar cosas materialistas, y eso es lo que me animó a querer ser una proveedora de salud. Si puedo ayudar a alguien sonreír mientras pasa por un momento difícil, yo siento que les esto ayudando mucho más. Yo les doy esperanza y el valor de creer que tenían el poder para rehabilitarse y estar sanos de nuevo”.

Jasso tiene 23 años de edad y es un estudiante de pregrado en la Universidad del Estado de California en Northridge, especializándose en kinesiología. Piensa graduarse en otoño de 2014 con su licenciatura.

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Mujer lucha por cambiar sus hábitos alimenticios para derrotar la diabetes


Verónica Martínez haciendo ejercicios de estiramiento con su entrenador Hendro Yauw  antes de comenzar los ejercicios del día. Foto de Laura Camelo / El Nuevo Sol.

Verónica Martínez haciendo ejercicios de estiramiento con su entrenador Hendro Yauw antes de comenzar los ejercicios del día. Foto de Laura Camelo / El Nuevo Sol.

Por LAURA CAMELO
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“Sólo vine porque mi hija insistió en que debemos ir a buscar nuestra naranja”, dice Verónica Martínez. Ella recuerda que hace tres años, viendo la televisión con su hija, de repente salió un comercial sobre el programa 100 Ciudadanos, que en ese momento anunció que las primeras 10O personas que aparecieran recibirán una naranja gratis. Mi hija me dijo: “Mami, vamos a buscar nuestra naranja”…

Verónica Martínez, de 45 años de edad, es nativa de Los Ángeles y trabaja como directora del departamento de religión en la Institución de Educación Religiosa en Santa Rosa. Ella fue diagnosticada con diabetes estacionaria en el 2005 y hace unos cinco años le dijeron que tenía diabetes tipo 2. Algunos de sus síntomas son la sensación de lentitud y orinar con frecuencia.

“Estaba constantemente con mucha sed y sentía mucha fatiga y cansancio”, dice Martínez. Recuerda que su estómago alcanzaba 8 pulgadas, por lo que se le dificultaba realizar muchas cosas. Martínez dice que llegó al punto que si se sentaba con su teléfono celular entre sus piernas, no alcanzaba a verlo. Entonces, fue cuando vio que su salud estaba en riesgo y comenzó a preocuparse. Por tal motivo, decidió que era el momento justo de actuar.

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